más jóvenes que yo, delgados y están llenos de tatuajes de personajes de caricaturas, algunos de sus tatuajes se parecen alrobot de Manuel.
—Pasen, tenemos de todas las piezas, jcómo quieren su robot? —dice la chica pasándole el bebé al chico.
Le digo que la verdad es que no lo he pensado. Entro y veo cientos de cajones llenos de partes, entre ellas están la carita feliz y las garras que tiene el robot de Manuel. Me acerco y las tomo.
—Es el cit-215, salió muy bueno, es una pieza muy rápida,iquieres verlo puesto? Tengo varias carcasas de robot.
—No —le contesto segura de que esas son las piezas del robot de Manuel, no las del mio. —Me gustaria algo que se vea más como algo vivo, como un insecto.
—Uy.tenemos una sección completa de eso—me dice llevándome a la parte de atrás del taller.
Está leno de piezas que parecen pinzas de mantis religiosas, patitas con espinas, antenas, alas y ojos compuestos.
—jPueden volar con esto? —digo sosteniendo dos pares de alas.
—No, pero son filosas—me muestra ella girando la piezate podemos igualar colores de lo que gustes.
Pienso en los escarabajos gordos que revolotean en temporada de lluvias, en las huachichilas y los abejorros más
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