Una de éstas es el acoso sexual, el cual consiste en cualquier conducta de índole sexual dirigida a otra persona sin su consentimiento. Se produce, sobre todo, entre personas con una dinámica de poder, por ejemplo, de un maestro a un estudiante.
El acoso sexual incluye tanto contacto fisico (besos, abrazos, tocamientos o pellizcos) no consensuado, como comentarios sobre el cuerpo. También incluye el acecho, el espionaje o la persecución a una persona, la exhibición de los órganos sexuales, así como la solicitud insistente y no recíproca de mantener relaciones amorosas.
Otra manifestación es el abuso sexual, es decir, el obligar a una persona a realizar actos sexuales, sin llegar a la cópula.También son expresiones de violencia sexual actos como tocamientos o manoseos, obligar a alguien a mostrar su cuerpo, a representar actos sexuales u observarlos. Si existe cópula sin el consentimiento de la persona, o ésta accede a realizarla motivada por enganos o por violencia fisica o psicológica, se considera violación, es un delito y está penado por las leyes.
Para prevenir la violencia sexual es importante tener presente que, a veces, las personas que la ejercen son parte de la familia de la victima, son sus parejas sentimentales o son personas cercanas que abusan de su poder, jerarquía o confianza; por ello, no está de más reiterar que nadie debe ser obligado a hacer con su cuerpo cosas que no quiera, aunque quien lo pida sea una persona querida o respetada. El cuerpo de cada individuo le pertenece a él mismo y debe ser tratado con dignidad y respeto. No es normal ni correcto obligar a alguien a realizar cosas en contra de su voluntad o que le generen incomodidad, sea una caricia, un beso o grabar contenido íntimo en formato digital como fotos, videollamadas o grabaciones. Estos, aunque sólo sean formatos virtuales, ponen en riesgo la seguridad y privacidad de las personas. Es de suma importancia que, ante las primeras senales de abuso, las personas se acerquen a otras de su entera confianza, sobre todo personas adultas que puedan ayudarles: familiares, maestros o autoridades escolares. Se debe tener presente que las víctimas de este tipo de violencia no tienen por qué avergonzarse ni sentir culpa. Es comprensible sentir temor, pero es necesario denunciar estas situaciones de violencia para evitar que vuelvan a ocurrir. En cualquier momento se puede llamar al 911 y pedir ayuda.
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