En estos y otros elementos, la cosmovisión de los pueblos originarios es distinta a la de las sociedades infuidas por el pensamiento de la Revolución Industrial, ya que para éstas la naturaleza es un objeto que debe ser dominado y controlado con el fin de extraer sus recursos, a la cual se transforma (y se destruye) segun los intereses y las necesidades humanas.En cambio, los pueblos originarios han establecido un vínculo profundo con el entorno natural que forma parte de su esencia como seres humanos, como pueblos y comunidades, donde se reconocen como parte de la naturaleza y a la cual ven como madre y sustentadora con la que interactúan a través de la milpa.
El proceso de domesticación del maiz y de otras plantas tomó miles de años. Esto transformó la vida de los pueblos originarios en Mesoamérica, pues pasaron de ser cazadores y recolectores a ser sedentarios. Ello cambió su alimentación y, sobre todo, tuvo un impacto profundo en su vida social. Las ideas y prácticas en torno al maiz y la milpa pasaron a formar parte del núcleo profundo de su forma de comprender la vida y el mundo; es decir, de su cosmovisión.
Dimensión cosmogónica de la milpa
La relevancia cultural y social del maiz y de la milpa en los pueblos originarios se manifiesta en las concepciones y creencias sobre las deidades que crearon al mundo y a los seres humanos, así como en los relatos míticos sobre cómo ocurrió todo esto. En este apartado se presentan algunos ejemplos de estas cosmogonias.
Un ejemplo de lo anterior que está presente en las cosmogonias de los pueblos antiguos de Mesoamérica es el conjunto de dioses nahuas relacionados con esta planta. Por otro lado, se le nombra según las etapas de crecimiento de la mazorca: xilotl, cuando es tierna y aún no se han formado los granos; elotl, cuando todavia es tierna, pero los granos ya están formados; y centli, cuando está madura y seca.
Centéotl o Cinteótl era la principal deidad relacionada con el maiz. Su nombre significa"dios mazorca madura". El vocablo está conformado por centli, que se refiere al "maiz seco", y teotl, que significa "dios". Era hijo de la deidad solar Piltzinteuctli y de Xochiquétzal, diosa de la tierra húmeda y fértil. Como dios del maiz maduro que podia ser alimento y germen de nueva vida, se le asociaba con la semilla que podia ser sembrada y que requeria atención y cuidado. El sexo de esta deidad podia ser femenino o masculino. Algunos autores consideran que Chicomecóatl y Xilonen eran dos de sus múltiples manifestaciones femeninas.
84