Paso 1
En comunidad, realizar una actividad introductoria y de sensibilización sobre la promoción de un estilo de vida activo y saludable para la gestión de espacios en la escuela.
Reflexionar sobre el reto: ¿Cómo desarrollamos estilos de vida activos para crear una escuela y comunidad saludables?
Respuesta orientativa: Se desarrollan estilos de vida activos cuando la comunidad escolar acuerda rutinas diarias de movimiento, usa los espacios disponibles para actividad física y recreación, y promueve hábitos de alimentación e higiene. La participación de estudiantes, docentes y familias en la organización de esos espacios genera corresponsabilidad y bienestar colectivo.
Paso 2
Con apoyo del docente de educación física, acordar el tipo de evidencias y formatos para presentar los hallazgos sobre actividades físicas, recreativas, deportivas y gestión de espacios.
Respuesta orientativa: Se pueden acordar evidencias como un portafolio con fotografías, una bitácora de sesiones, una encuesta aplicada a la comunidad o una presentación digital. Los formatos deben ser claros, accesibles y permitir comparar los resultados antes y después de las actividades.
Paso 3
En comunidades, determinar los productos y formatos para presentar respuestas y hallazgos, formalizando el conocimiento del tema central del proyecto.
Respuesta orientativa: Los productos pueden ser un cartel informativo, una infografía, un video breve o una exposición comunitaria. Al elegir el formato se consolida lo aprendido porque obliga a sintetizar la información y comunicarla con un propósito claro.
Paso 4
Proponer y comunicar a todos las actividades que contribuyan a desarrollar y mantener un estilo de vida activo y saludable.
Respuesta orientativa: Las propuestas deben difundirse mediante asambleas, periódico mural o redes escolares, e incluir actividades como caminatas, torneos recreativos, pausas activas y jornadas de alimentación saludable. Comunicarlas asegura que toda la comunidad conozca, participe y dé seguimiento.
Paso 5
En comunidad, diseñar un planificador que permita organizar las actividades para participar significativamente en todas las etapas del proyecto, involucrando a familia, amigos y vecinos.
Respuesta orientativa: El planificador puede ser una tabla con columnas de fecha, actividad, responsables, recursos y evidencia. Involucrar a la familia y al barrio amplía el impacto del proyecto y distribuye las tareas de manera equitativa.
Paso 6
Analizar las prácticas de las comunidades para corroborar los aprendizajes adquiridos y su relación con los elementos necesarios para gestionar espacios que generen estilos de vida activos y saludables.
Respuesta orientativa: El análisis compara lo observado antes y después de las acciones, identificando qué espacios se usan mejor, qué hábitos cambiaron y qué factores facilitaron o dificultaron el proceso. Así se comprueba que los aprendizajes se aplican en contextos reales.
Paso 7
Discutir los elementos que permiten notar los cambios en los hábitos de los participantes del proyecto.
Respuesta orientativa: Se pueden discutir indicadores como la frecuencia de actividad física, el uso de los espacios recreativos, la participación en las jornadas y los testimonios de los involucrados. Estos elementos evidencian si los hábitos se modificaron de forma sostenida.
Paso 8
Determinar acciones que promuevan la inclusión.
Respuesta orientativa: Las acciones inclusivas incluyen adaptar las actividades a distintas capacidades, asegurar la participación de todos sin distinción de género o condición, y usar materiales y espacios accesibles. La inclusión garantiza que el proyecto beneficie a toda la comunidad.
Existe total flexibilidad para organizar las actividades de manera diferente según los intereses, gustos y necesidades de la comunidad y sus participantes.








