Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 116)
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una sola masa de saliva y semen. Pero ella estaba insistiendo, con ese acento guajiro que parecía devolver las palabras después de haberlas mascado largo rato y ablandado con una baba espesa. Sin anunciarlo, Alvia saltó de su rincón y obedeció. La sangre acudió de inmediato cubriendo la boca de Mireya y buena parte de su cara que se había hinchado repentinamente.Cuando la derribó, apenas había liberado su mano derecha. La otra quedóenguantada hasta que comenzó el segundo round.
Muy pronto estos encuentros se hicieron norma. Sin contar enteramente con su anuencia, Patiño comenzó a dejarlos frente al hotel al final de cada sesión de ejercicios. Cuando llegó la etapa en que Alvia debía volver a entrenar con otro boxeador sobre la lona, nadie pudo disuadirlo de hacerlo con Mireya. La primera vez que la inmensa muchacha estiró el ensogado para entrar al ring, Patiño sintió el helado tránsito de un rayo que recorrió su columna vertebral, haciéndolo enrojecer de vergienza frente a los otros entrenadores e impávidos atletas que observaban la escena. Pero Mireya volvió a vencerlo en el terreno de la eficiencia. Patiño no hubiera podido encontrar mejor contendor aunque hubiera recorrido todos los gimnasios y callejones del territorio nacional. El único problema es que el entrenamiento transcurría en medio de una atmósfera de deseo tan palpable como si un telón de terciopelo hubiera caido sobre el cuadrilátero.
Las veladas con Mireya en el hotel exilaron a Alvia de los bares y de la casa que compartía con Judith. Le dejó las fotos, el flux², la medalla, y se llevó el resto de su ropa, un pequeño bulto que fue a parar a un rincón de la habitación de alquiler. En ocasiones, él y Mireya dejaban a Patiño esperando y se iban a entrenar a donde Mireya indicaba. Se iban hasta la Sierra de Bébsara y subían montañas al ritmo del cronómetro que Mireya regentaba con saña superior a la de Patiño. Recorrian enormes tramos del río contracorriente para que el esfuerzo fortaleciera sus piernas y el frío del agua templara los músculos del vientre. Terminaron por relegar completamente a Patino y entregarse ellos, solos, a un perenne entrenamiento.
Por las noches, se embadurnaban de vaselina y fi ngian luchas cuerpo a cuerpo que los dejaban extenuados, desnudos y amagullados sobre el áspero piso de la habitación del hotel. Alvia no recordaba haber sido tan feliz en toda su vida. Pero Mireya comenzó a exigirle proezas fisicas que ningún libro ha reseñado. Lo llevaba a extremos de agotamiento que nadie ha alcanzado fuera de un régimen de trabajos forzados. Por último, comenzó a gritarle insultos para lograr de él marcas superiores, lo perseguía, lo espoleaba, lo humillaba. Y lo esperaba en su lecho de cemento para seguir probándolo hasta el final.
Una noche en que Alvia estaba besándola en la garganta y aspirando el olor de su cabello, Mireya lo hizo levantar. Manolo le rogaba que se quedara allí, casi lloraba asegurándole que ya no podia más, le dolia milimétrica
2 Flux: Traje formal que se usa en fiestas.
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