Fragmento narrativo: La sirvienta y la patrona
Respuesta rápida
La narradora apuñaló a su patrona abusiva con un cuchillo. La patrona no murió por la herida sino por hemorragia pulmonar, porque su marido se negó a llamar a un médico al estar enamorado de otra mujer.
Solución — Página 69
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
...lavado en la acequia del pesebre, de ensuciarte y hacer del cuerpo solo junto a las matas de chincho para el ají, de comer metiendo las manos en las ollas y consumirte de sueño frente al fogón, pero de pie, y sin doblar las rodillas.
Anda, sigue no más. ¡Ya te cansaste? ¡Adónde irás a parar?
Crecías y abultabas más cada semana, pero solo supiste quién eras un domingo que la vieja se tardó en la calle y creíste entrar en su dormitorio, pero te metiste un buen trecho, casi un viaje, dentro del enorme espejo de su ropero: tenías la cabeza en forma de canoa, en tu cara se veían las líneas azules del tatuaje, tus dientes enfermos estaban muy flojos, tus pelos eran una cortina estilo reina Cleopatra...
Entre esos dos sitios, la cocina y el espejo del dormitorio, empezaste a contar los días sin saber todavía los números...
Hasta que una mañana la cocina se te escapó corriendo y ya no pudiste volverla a su sitio. Se movía y te engañaba por todas partes...
¡Bruta, animal, idiota!, gritó al preguntar qué tenías en la tercera olla. No supiste el nombre pero la abriste: de la carne de varios días que habías guardado para mordisquear solita salieron unos gusanos lindos, blancos y gordos...
...el cuchillo del tamaño de tu brazo manejado solo para seguir el movimiento de la vieja, la invitación al cuchillo ¿invitación?, ¿acaso es un baile? para unir a ambos como querían, junto a la paletilla, dos veces y nada más, porque el viejo, con la misma brujería del reloj, estando lejos descubrió lo que sucedía y llegó a tiempo o a destiempo, imposible decirlo.
Diálogo final (confesión):
— Fue la primera patrona que maté, digo por fin, empezando a sudar.
— No la mataste de veras, la heriste, dice él. La mató su marido por no querer curarla hasta que la vieja reventó por la hemorragia del pulmón agujereado: el hombre ni siquiera pensó en llamar a un médico.
— Estaba enamorado de una señorita joven y linda, digo.
Glosario
- acequia: canal de riego, típico de la sierra peruana.
- chincho: hierba aromática andina usada como condimento.
- cuyes: cobayas (animales domésticos andinos, también comida).
- paletilla: escápula / omóplato.
- chasna: onomatopeya que imita el sonido de algo que estalla o se derrama.
- patrona / la vieja: la señora de la casa para quien trabaja la sirvienta.
- fogón: cocina de leña tradicional andina.
Preguntas que la gente también hace
¿Por qué el narrador usa la segunda persona ('tú') en este fragmento?
¿Qué representa el espejo del dormitorio para la protagonista?
¿Quién es realmente responsable de la muerte de la patrona?
¿Qué elementos culturales andinos aparecen en el fragmento?
¿Cómo refleja el texto la relación de poder entre patrona y sirvienta?
- • Noción básica de persona narrativa (primera, segunda, tercera)
- • Contexto histórico-social de servidumbre en Perú andino
- • Ver páginas anteriores del mismo relato para entender el hilo narrativo
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 3071 caracteres
lavado en la acequia del pesebre, de ensuciarte y hacer del cuerpo solo junto a las matas de chincho para el ají, de comer metiendo las manos en las ollas y consumirte de sueño frente al fogón, pero de pie, y sin doblar las rodillas.
Anda, sigue no más. iYa te cansaste? jAdónde irás a parar?
Crecías y abultabas más cada semana, pero solo supiste quién eras un domingo que la vieja se tardó en la calle y creiste entrar en su dormitorio,pero te metiste un buen trecho, casi un viaje, dentro del enorme espejo de su ropero: tenías la cabeza en forma de canoa, en tu cara se veian las líneas azules del tatuaje, tus dientes enfermos estaban muy flojos, tus pelos eran una cortina estilo reina Cleopatra, si, si, eso me dijo una vez que su mujer me pegó, para pasarme la mano: reina bien fregada y jodida como yo, seguiste mirando tu cara larga como un cuchillo, esos brazos largos de mono, esas piernas arqueadas de enana, al fin, al fin se atreve a insultarme,y aquellos zapatones de soldado que te hacían arrastrar los pies... Entre esos dos sitios, la cocina y el espejo del dormitorio, empezaste a contar los días sin saber todavía los números, así como tampoco sabías ver el reloj, ese aparatito brujo que estando lejos de la cocina tenía que ver con las ollas y con los puños de la vieja que te entraban por las costillas. Hasta que una mañana la cocina se te escapó corriendo y ya no pudiste volverla a su sitio.Se movía y te engañaba por todas partes. Creíste haber parado la olla de agua con agua, pero estaba seca y se partió sobre la candela en momentos de entrar la vieja; después le llegó el turno a la leche, otra agua que sin duda se habia metido en la olla con su burra o vaca entera, se hinchó hasta arrojar la tapa, chasna y chasna como la misma fi ebre de la vieja que ya había empezado a pegarte.
jBruta, animal, idiota!, gritó al preguntar qué tenías en la tercera olla.No supiste el nombre pero la abriste: de la carne de varios dias que habías guardado para mordisquear solita salieron unos gusanos lindos, blancos y gordos, incapaces de molestar a nadie y mucho más tranquilos que los cuyes de la cocina. La vieja dio un nuevo grito y te echó a la cara esos pobres gusanos cuyos gemidos de dolor creíste oír. Y la carne estaba ahora por el suelo, con lo valiosa que era siempre para ti, y entonces hubo que darle su merecido con lo primero que hallaras, el cuchillo del tamaño de tu brazo manejado solo para seguir el movimiento de la vieja, la invitación al cuchillo zinuitación?, zacaso es un baile? para unir a ambos como querían, junto a la paletilla, dos veces y nada más, porque el viejo, con la misma brujeréa del reloj, estando lejos descubrió lo que sucedía y llegó a tiempo o destiempo,imposible decirlo.
Fue la primera patrona que maté, digo por fin, empezando a sudar.
No la mataste de veras, la heriste, dice él. La mató su marido por no querer curarla hasta que la vieja reventó por la hemorragia del pulmón agujereado: el hombre ni siquiera pensó en llamar a un médico.
Estaba enamorado de una señorita joven y linda, digo.
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