OMAYa*EDUCACIÓN - Libro resuelto solo para fines didácticos - Prohibida su reproducción
Ni
Pero poco a poco, sin embargo, las víboras
comenzaron a desconfiar. Cuando los
flamencos pasaban bailando al lado de ellas,
se agachaban hasta el suelo para ver bien.
Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy
inquietas. No apartaban la vista de las medias,
y se agachaban también, tratando de tocar
con la lengua las patas de los flamencos,
porque la lengua de las víboras es como la
mano de las personas. Pero los flamencos
bailaban y bailaban sin cesar, aunque estaban
cansadisimos y ya no podían mas
Las víboras de coral, que conocieron esto,
pidieron enseguida a las ranas sus farolitos,
que eran bichitos de luz, y esperaron todas
juntas a que los flamencos se cayeran de
cansados.
Efectivamente, un minuto después, un
flamenco, que ya no podía más, tropezó con
el cigarro de un yacaré, se tambaleó y cayó
de costado. Enseguida las víboras de coral
corrieron con sus farolitos, y alumbraron bien
las patas del flamenco. Y vieron qué eran
aquellas medias, y lanzaron un silbido que se
oyó desde la orilla del Paraná
— ¡No son medias! —gritaron las viboras-.
¡Sabemos lo que es! ¡Nos han engañado! ¡Los
flamencos han matado a nuestras hermanas
y se han puesto sus cueros como medias! ¡Las
medias que tienen son de víbora de coral!
Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo
porque estaban descubiertos, quisieron volar;
pero estaban tan cansados que no pudieron
levantar una sola ala. Entonces las víboras de
coral se lanzaron sobre ellos, y enroscándose
en sus patas les deshicieron a mordiscones las
medias. Les arrancaban las medias a pedazos,
enfurecidas, y les mordían también las patas,
para que se murieran.