Textos argumentativos
Flora Perelman (1999) declara que la argumentación es parte de la vida y se hace presente en las diversas situaciones de comunicación que las personas atraviesan diariamente; por ejemplo, discusiones con amigos, familiares u otras personas en la escuela o en contextos diversos donde se intercambian opiniones e interpretaciones del mundo, incluso, de manera indirecta, como en la publicidad, los debates públicos que se ven en editoriales, programas periodisticos, cartas de lectores, tribunales, etcétera.
Algunas investigaciones apuntan a que, desde la infancia temprana, se comienza a desarrollar esta capacidad argumentativa,cuando se defi ende un punto de vista sobre un tema de interés en una conversación. Por ejemplo, en el momento en que no se quiere comer algún alimento, que a simple vista parece desagradable, se expresan razones y, en ocasiones, se toman decisiones al respecto. Lo mismo sucede cuando un padre convence a sus hijos, por ejemplo, de adquirir un juguete; en ese momento,también él está sujeto a presentar argumentos. A partir de lo anterior, se puede afi rmar que saber argumentar permite, por un lado, defender las opiniones propias frente a otros y, por otro,descifrar los mensajes con los que se intenta infuir en una conducta propia.
Esta habilidad argumentativa fue adquirida en contextos cotidianos, en la interacción con interlocutores con los que se realizan cambios lingüísticos de manera frecuente; lo que se denomina diálogo argumentativo oral. Sin embargo, el desarrollo de esta habilidad no signifca que un nino, necesariamente, haya adquirido un conocimiento letrado, es decir, que se encuentre listo para escribir textos que sigan, exactamente, las normas de redacción.
Perelman (1993) afirma que en el acto de escribir no existe una relación que asegure la presencia ni la actuación del interlocutor, a diferencia de la oralidad, en la que necesitamos estar cara a cara con otra persona para sostener una discusión. Por ejemplo, para escribir un monólogo argumentativo, se necesita ir más allá de la improvisación y la espontaneidad, y es imprescindible, además, tanto la planificación de la sucesión de argumentos como la coordinación de diversos puntos de vista (Dolz,1993). Para elaborar un texto argumentativo de calidad, se necesita conciencia de las propiedades y características necesarias de este tipo de texto.
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