El afecto
Durante los primeros años de vida el niño y la niña necesitan de un ambiente familiar que sea propicio para que puedan sobrevivir,crecer, desarrollar y tener plena salud. Existen muchos aspectos que la naturaleza dotó a los padres para poder atender a niñas y niños,como también contribuye enormemente la extensa bibliografia que existe hoy o los medios de comunicación que ofrecen información sobre los primeros años de vida y lo que necesitan para desarrollarse integralmente; motivos para que los padres cumplan mejor su rol de primeros y principales educadores.
Desde el siglo pasado tenemos con persistencia un mayor conocimiento de lo que es el desarrollo de niños y niñas, así sabemos lo que necesitan de los adultos. Una de las entregas que hacen los padres y educadoras a los ninos y ninas es sin duda el afecto, considerado como un alimento,una forma segura y saludable de encontrarse, de entenderse, vincularse y quererse.
El afecto es un sentimiento indispensable desde que nace el niño o la niña y se va extendiendo en la infancia, permite mirarse, escucharse,atenderse, comprenderse, responderse, etc. Ello contribuye en gran medida a construir seguridad y afirmar identidad, aspectos sobre los cuales se van dando el desarrollo de diversas capacidades y aprendizajes a medida que pasan los años.
El documento Desarrollo emocional. Clave para la primera infancia de la Fundación Kaleidos y UNICEF, nos da ideas claras sobre el afecto y lo que puede hacer con nuestras emociones, al decir: "En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales y queda a merced de reacciones emocionales intensas. La regulación afectiva solo puede tener lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto fisico y emocional —acunar, hablar, abrazar, tranquilizar—permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir aprendiendo a regular por si mismo sus emociones" (página 12).
Los vinculos afectivos permanentes nos dan la confianza necesaria para seguir desarrollándonos, es un logro, una conquista que se da como resultados de muchas interacciones y que estas sean satisfactorias entre el niño, la niña y sus padres o cuidadores. Cuando los niños adquieren confianza pueden moverse con mayor facilidad, explorar
y sus propias capacidades, aprende a conocer a los demás".
Cuánto puede lograr un nino o una niña jugando, sin embargo compartimos con ustedes algunas alertas que nos preocupan como docentes y seguramente también a ustedes como padres, será necesario analizarlos, conversarlos, discutirlos y ver cómo éstos no impiden o perjudican los momentos de juego de niños y niñas:
Observamos que los niños y niñas ya no tienen tiempo para jugar,su tiempo lo ocuparon los adultos inscribiéndolos en academias u otras instituciones donde deben ir aprendiendo aspectos que no responden a su edad, sus necesidades ni a sus intereses. Además teniendo horarios largos que los agobian y angustian.
Vemos las docentes que los niños y niñas no tienen lugares,espacios para jugar en sus comunidades y que estén cerca de sus casas. Tampoco que sean seguros y estén limpios.
Que las ciudades se vuelven cada vez más peligrosas para que las niñas y niños puedan salir de sus casas con sus amigos libremente,siempre deben salir con sus padres y estar permanentemente vigilados, quitando al juego esa caracteristica que tiene de dar al niño libertad y pleno goce.
La vida sedentaria frente a un televisor u otra pantalla; los niños y niñas cada vez más se pasan horas frente a una pantalla,impidiendo el movimiento, el desplazamiento, propio de su edad.Para jugar los niños y niñas eligen con quién jugar, donde y en quémomento, para lo cual los adultos debemos contribuir a que el juego sea una realidad, teniendo en cuenta:
Que los niños deben de jugar.
Que les debemos facilitar momentos de juego y prever los lugares seguros y limpios.
Que necesitan de amigos o amigas, alentándolos a que se encuentren.
Ofrecerles ropa cómoda.
Estar atentos a lo que necesitan, por lo tanto responder en lo posible a sus requerimientos (pelotas, sogas, etc.).
Que cuánto más pequeños necesitan más de la compañia de un adulto, que no intervenga, ni los dirija, sino con su presencia dé la seguridad que necesitan.
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