- Relación sensorial: conexión emocional entre música y cuerpo, conocida como “sentir la música”; es intuitiva y sensorial.
- Repetición y marcación numérica: uso de cuentas como la secuencia de ochos (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8) para coordinar tiempos y ritmos grupales en sincronía con la música.
Coreografías con marcación numérica: basadas en canciones específicas de artistas, construidas con cortes de canciones (mixes) —frecuente en danzas urbanas— y guiadas por las letras, donde el movimiento responde al contenido narrativo.
Dimensión sensorial y devocional en danzas tradicionales: la festividad de Qoyllur Riti (“estrella de nieve”, en quechua), peregrinación religiosa anual en la región del Cusco, combina religiosidad católica y culto a los dioses andinos. La música guía a los bailarines-peregrinos en una marcha que incluye el traslado de una cruz al amanecer (fig. 62), durante cuatro días de festividades.
Danza contemporánea: el vínculo sensorial trasciende el acompañamiento clásico; a veces se crea en silencio y luego se integran sonoridades (aves, ladridos, música popular con voces de mercado) para un enfoque cinematográfico.
Pregunta de reflexión
¿Qué canciones conoces que brinden en sus letras las instrucciones de movimiento?, ¿qué dicen sus letras?
Respuesta orientativa: Un ejemplo clásico es “La Macarena” de Los del Río, cuya letra indica explícitamente movimientos (“dale a tu cuerpo alegría, Macarena”). También “El baile del perrito” o “La yenka” describen pasos concretos. En la música infantil abundan: “La mané”, “Chuchuwá” o “El baile de los animales”, donde la letra ordena saltar, girar o mover una parte del cuerpo. Estas canciones funcionan como coreografías verbales: la letra sincroniza al grupo sin necesidad de un instructor.