Leer con atención la leyenda 'El gallo de la catedral'.
Inicio del relato: Cuando Quito era una ciudad llena de misterios y cuentos, existía un hombre de carácter fuerte llamado don Ramón Ayala, que se sentía más importante que los demás y trataba mal a la gente. Le gustaba ir a fiestas, peleas de gallos, comer bien y, sobre todo, beber.
Su vivienda estaba a pocas cuadras de la Plaza de la Independencia, y cada noche pasaba frente a un gran gallo de bronce que custodiaba desde lo alto la iglesia de la catedral, de ahí su nombre: 'el gallo de la catedral'.
Tenía la costumbre de visitar la tienda de doña Mariana, en el barrio de San Juan, por sus dulces tradicionales y sus deliciosas mistelas. Pasaba horas allí hasta que, mareado, salía rumbo a su casa.











