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Lengua Y Literatura · 7 EGB · 2024
Lengua Y Literatura · 7 EGB · 2024

Ministerio de Educación del Ecuador

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La Mama Tungurahua y otros cerros

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Solución — Página 67

Lengua Y Literatura · 7 EGB · 2024

Mito ecuatoriano 'La Mama Tungurahua y otros cerros' que humaniza los volcanes: los cerros son apus con emociones. Narra el romance entre Mama Tungurahua y El Altar, y la venganza del taita Chimborazo contra El Altar y el Carihuairazo. Incluye amplio glosario.

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Preguntas que la gente también hace

¿Qué son los apus?
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¿Por qué el Altar y el Carihuairazo tienen las cumbres derrumbadas?
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  • Conocimientos geográficos del Ecuador
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Análisis del mito
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de cada párrafo.

280 Glosario

achacar. Atribuir algo, especialmente una falta o culpa, a una persona o cosa.

apu. Espíritu o dios de la montaña.

iracundo. Que muestra ira o es propenso a ella,

advenedizo. Venido de un lugar distinto de aquel donde se ha establecido.

recelar. Temer, desconfiar o sospechar.

idilio. Relación amorosa muy intensa y de corta duración.

agravio. Ofensa a la fama o al honor de alguien.

contienda. Lucha, enfrentamiento o discusión.

apabullar. Hacer que una persona se sienta impotente o confusa, demostrando superioridad frente a ella.

gallardía. Buen aspecto o presencia y elegancia en el movimiento.

La Mama Tungurahua y otros ceros Adaptación

Los cerros, aunque lo parezca, no son solo cerros: son hombres o mujeres, son buenos o malos, celosos o bandidos, jóvenes o viejos, sabios poderosos o divinidades menores y mezquinas. A ellos se les agradece cuando las cosechas producen bien, se les pide para asegurar la buenaventura de los recién nacidos y también de los recién casados. Se les achacan los años secos, los muy lluviosos, los terremotos y, aunque no ocupen ningún nicho en la Iglesia, a ratos en cuestiones de influencia, estos cerros o apus, como se les llama con reverencia, se disputan el puesto con los santos católicos. Si se nublan, están malgenios, si caen truenos en sus cumbres, están iracundos. Andan rodeando los valles con apariencia de comunes mortales y recompensando la bondad o castigando la avaricia de la gente con la que se encuentran. Si hay un deslave en sus laderas es porque algún advenedizo estuvo a punto de encontrar los tesoros que con recelo ocultan. Son capaces, según dicen los mayores, de demostrar infinita ternura o terrible enojo.

Se cuenta que el Chimborazo, pese a ser el más grande, no tiene el mágico poder que posee el Imbabura. Aunque cuentan, los que así lo oyeron, de su inmensa fuerza, demostrada a las claras cuando hace mucho tiempo su mujer, la Mama Tungurahua, poseedora de un carácter eruptivo, y según parece algo fogoso, tuvo un romance con el vecino El Altar. Parece que les resultó difícil ocultar el secreto idilio, sobre todo tomando en cuenta que el agraviado es tan alto que todo lo ve. Más temprano que tarde, taita Chimborazo se dio cuenta del engaño y descargó toda su furia contra el inoportuno que le robaba los cariños de su amada. El desdichado Carihuairazo salió en mala hora a favor de El Altar, que iba recibiendo la peor parte en la contienda. Pero ni entre los dos pudieron contra el poderoso y celoso Chimborazo. Desde entonces, ambos perdedores lucen maltrechos, sus cumbres derrumbadas y su gallardía apabullada. La mama Tungurahua, inconforme, lanza humos y fuegos cada vez que se acuerda de su frustrado romance.

Adaptación. Jorge Juan Anhalzer

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