En estos procesos de enseñanza y aprendizaje se construye una base formativa común, indispensable e integral que considera una transversalidad horizontal y una transversalidad vertical: la primera es la vinculación de saberes de los diferentes Campos formativos al interior de una misma fase; la segunda se refiere a los saberes como un continuo articulado a lo largo de las fases, sin que ello implique un enfoque sumativo; es decir, que los saberes deben ser complementarios a través de la reactivación de conocimientos previos.
De modo que, al no ser sólo contenidos conceptuales y procedimentales disciplinares, y, al sumar el papel que tienen los problemas pedagógicos escolares-temas relevantes, los contenidos curriculares, ahora desde el Programa analítico, se conciben como globales, dinámicos, complejos e interesantes, constituidos por múltiples aspectos, en los que cada uno tiene un sentido de complejidad y totalidad con la posibilidad de trabajarse desde distintos niveles y ópticas. En el horizonte de esta oportunidad, las niñas y los niños son sujetos de derecho, participantes activos desde múltiples posiciones, que llegan al salón con saberes propios y son capaces de dialogar, apoyar, indagar, criticar, proponer, preguntar, interpelar, construir. En otras palabras, de asumir un posicionamiento desde el cual entienden vivencialmente la realidad y los espacios que comparten, como la escuela, lo cual los convierte en un terreno para vivir experiencias significativas (Nemirovsky, 1995).
Documentos rectores, actores educativos, procesos, prácticas, fenómenos, materiales educativos, vínculos; todos estos factores son resignificados en distintos niveles al colectivizarse el trabajo pedagógico. Por medio de ellos, se distinguen las dimensiones histórica, social, artística, formativa y afectiva de los sujetos, en una escuela que se abre a las diversidades lingüística, cultural, étnica, política, social, de género, sexual, de clase y de capacidades (SEP, 2023b, p. 56), las cuales, históricamente, fueron consideradas como desarrapadas. La escuela se sustenta en un perfil de egreso que destaca el derecho a una vida digna, por la hospitalidad con la diversidad, por el reconocimiento de la autonomía, por el desarrollo de potencialidades físicas, cognitivas y afectivas, al igual que por la complementariedad entre naturaleza y cultura en una interacción dialógica. Lo hasta ahora planteado pretende verse representado, compleja y gráficamente, de la siguiente manera:
[Organizador gráfico: ejes a) Representación, b) Vínculos y c) Paradigma crítico, con nodos como desarrollo de estrategias nacionales, colectivo docente, familias, niñas, niños y adolescentes, autoridad educativa federal, problema social de la realidad, formación docente, directivos y administrativos, integrantes de la comunidad, perfil de egreso, territorialización, lectura-realidad, problema pedagógico escolar, codiseño de contenidos, materiales educativos, análisis del territorio, vínculo y mediación pedagógica, planeación didáctica, Programa analítico, programas sintéticos de estudio Fase 2, Plan de Estudio, integración curricular, autonomía profesional del magisterio, comunidad como núcleo integrador, derecho humano a la educación y transformación administrativa y de gestión.]
Fuente: elaboración propia, con base en Pérez Méndez (2023).