Con apoyo de su maestra o maestro, practiquen la técnica del volcán.
Piensa en una situación que te cause mucho enojo; por ejemplo, cuando alguien toma tus cosas sin tu permiso o rompe alguno de tus juguetes u objetos preciados.
- Cierra los ojos y respira profundo tres veces.
- Recuerda una situación concreta: por ejemplo, que un compañero tomó tu estuche sin pedirlo.
- Nombra lo que sientes: "me siento enojado porque no respetaron mis cosas".
- Ubica en tu cuerpo dónde aparece el enojo (puños, pecho, mandíbula).
Respuesta orientativa: La situación elegida debe ser real y propia; lo importante es identificarla con claridad y ponerle nombre a la emoción, sin juzgarla como buena o mala.
Recuerda cómo te sientes al estar tan enojado. Aprieta tus puños o repite la reacción emocional que tuviste en ese momento.
- Aprieta los puños durante 5 segundos, como si fueran un volcán a punto de estallar.
- Nota cómo se tensan los brazos, el cuello y la cara.
- Suelta lentamente y observa la diferencia entre tensión y calma.
- Repite la secuencia dos o tres veces, siempre acompañado por tu maestro o maestra.
Respuesta orientativa: Reconocer las señales físicas del enojo (puños apretados, respiración rápida, calor en la cara) permite anticiparse y elegir una respuesta sin agredir.
Piensa que aunque estés enojado no puedes lastimarte ni lastimar a otros. Contén cualquier impulso agresivo. Para ello, quédate muy quieto, casi inmóvil.
- Detén el cuerpo: pies firmes en el piso, manos abiertas sobre las piernas.
- Respira contando hasta cuatro al inhalar y hasta cuatro al exhalar.
- Repite en silencio: "siento enojo, pero no voy a lastimar a nadie".
- Cuando el volcán se apague, pide ayuda a un adulto o usa palabras para expresar lo que pasó.
Respuesta orientativa: La técnica del volcán no consiste en negar el enojo, sino en sentirlo sin explotar: primero se reconoce, luego se contiene con respiración y quietud, y finalmente se busca una solución dialogada.
La técnica del volcán tiene tres momentos: reconocer la situación que enoja, sentir la emoción en el cuerpo y contener el impulso agresivo quedándose quieto y respirando.









