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Página teórica de la guía docente; no tiene ejercicios. Contiene un párrafo introductorio, una reflexión sobre la práctica evaluativa y una lista de principios éticos.
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Sin ejercicios. La evaluación requiere vínculo de confianza (estudiante-contenido-docente) y ética: justicia sin sesgos, transparencia, confidencialidad, integridad y rechazo de gratificaciones.
Un libro sin recetas para la maestra y el maestro. Fase 6. Libro de Educación Telesecundaria Grado 1°, 2°, 3° Ciclo Escolar 2025 - 2026
Página teórica de la guía docente; no tiene ejercicios. Contiene un párrafo introductorio, una reflexión sobre la práctica evaluativa y una lista de principios éticos.
El papel de la maestra o el maestro y la creación de un vínculo pedagógico entre el estudiante y su experiencia-vivencia son fundamentales para establecer una relación de confianza entre los tres actores del proceso educativo: el estudiante, el contenido y el docente. El docente debe:
El trabajo evaluativo suele estar demandado por la operación y la aplicación práctica, dejando de lado los momentos de reflexión y postergando la mejora del desempeño como evaluadores. Por eso la guía propone detenerse en tres aspectos para incorporarlos a la práctica cotidiana: lo ético, la reflexión y el aspecto comunicativo de la evaluación.
Evaluar tiene un sentido de justicia: implica estar libre de sesgos al aplicar la evaluación. Contar con políticas y prácticas éticas adecuadas permite que la evaluación cumpla su propósito de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Parte del sentido ético es realizar acuerdos explícitos con los estudiantes para que el proceso sea transparente.
la evaluación ética exige justicia, ausencia de sesgos, transparencia mediante acuerdos explícitos y ocho compromisos del evaluador (confidencialidad, integridad, imparcialidad, entre otros).
El papel que desempeña la maestra o el maestro en el proceso de aprendizaje, así como la creación de un vínculo pedagógico entre el estudiante y su experiencia-vivencia, son fundamentales para establecer una relación de confianza entre los actores del proceso educativo: el estudiante, el contenido y el docente. Esto requiere que el docente conozca las necesidades de los alumnos, sus intereses y condiciones socioculturales, a fin de reconocer las singularidades de cada estudiante y así diseñar estrategias de aprendizaje significativas. El profesor tiene el compromiso ético de mantenerse cerca de las niñas y los niños para guiar sus experiencias didácticas, pero también debe fomentar su autonomía al tomar distancia para contribuir a su aprendizaje responsable y alcanzar los objetivos didácticos.
El trabajo evaluativo realizado por las y los profesores es, continuamente, demandado por la operación y aplicación práctica, dejando de lado los momentos de reflexión y, con ello, postergando las posibilidades de mejorar en su desempeño como evaluadores. Por tal motivo, resulta relevante detenerse en el aspecto ético, la reflexión y el aspecto comunicativo de la evaluación con el propósito de incorporarlos en la práctica cotidiana.
En primera instancia, se aborda el tema ético, entendiendo que evaluar tiene un sentido de justicia y esto implica estar libre de sesgos al momento de aplicar la evaluación con estudiantes. Contar con políticas y prácticas éticas adecuadas y pertinentes, permite que la evaluación cumpla su propósito de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Parte del sentido ético de la evaluación es realizar acuerdos explícitos con los estudiantes para que el proceso sea transparente.
Peterson et al. (2002), citados por López Vela et al. (2012), mencionan algunos elementos relevantes del sentido ético de la evaluación:
El papel que desempena la maestra o el maestro en el proceso de aprendizaje, así como la creación de un vínculo pedagógico entre el estudiante y su experiencia-vivencia, son fundamentales para establecer una relación de confianza entre los actores del proceso educativo: el estudiante, el contenido y el docente. Esto requiere que el docente conozca las necesidades de los alumnos, sus intereses y condiciones socioculturales, a fin de reconocer las singularidades de cada estudiante y así diseñar estrategias de aprendizaje significativas. El profesor tiene el compromiso ético de mantenerse cerca de las ninas y los ninos para guiar sus experiencias didácticas, pero también debe fomentar su autonomía al tomar distancia para contribuir a su aprendizaje responsable y alcanzar los objetivos didácticos.
El trabajo evaluativo realizado por las y los profesores es, continuamente, demandado por la operación y aplicación práctica, dejando de lado los momentos de reflexión y, con ello, postergando las posibilidades de mejorar en su desempeño como evaluadores. Por tal motivo, resulta relevante detenerse en el aspecto ético, la reflexión y el aspecto comunicativo de la evaluación con el propósito de incorporarlos en la práctica cotidiana.
En primera instancia, se aborda el tema ético, entendiendo que evaluar tiene un sentido de justicia y esto implica estar libre de sesgos al momento de aplicar la evaluación con estudiantes. Contar con políticas y prácticas éticas adecuadas y pertinentes, permite que la evaluación cumpla su propósito de mejorar el proceso de ensenanza-aprendizaje. Parte del sentido ético de la evaluación es realizar acuerdos explícitos con los estudiantes para que el proceso sea transparente.
Peterson et al. (2oo2), citados por López Vela et al. (2oI 2), mencionan algunos elementos relevantes del sentido ético de la evaluación:
Conocer las obligaciones, intereses y necesidades.
Tratar los datos de manera confidencial, a no ser que se requiera lo contrario.
Usar la información sólo para los propósitos definidos.
· Cumplir con las pautas acordadas.
Participar en su propia evaluación.
Actuar con integridad, renunciar a buscar intereses propios, estatus social o político.
Evitar perjudicar a otros, o tratarlos de manera desfavorable, como resultado de la evaluación.
Rechazar gratificaciones o regalos que puedan infl uir en los juicios de evaluación.
Docente
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