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Lengua Y Literatura · 3ro BGU · 2024
Lengua Y Literatura · 3ro BGU · 2024

Ministerio de Educación del Ecuador

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Lengua Y Literatura · 3ro BGU · 2024

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e invitamos 2 leer un fragmento de la novel,

A continuación € urora ecuatoriana.

Humo de una importante a Humo

nte a la casa, mura las largas y delgadas miento. Son lo único que le hace frente

Mientras la mujer espera fre

zarandear. Agarrar a alguien por los hombros O hojas que sobresalen del cerra' A a»! i . los brazos moviéndolo con al viento que sube como una marea, se atropella por las grietas de la rende de las ramas desvestidas que aún

fachada, lame la vereda y se P resisten en la acera. Los tres árboles que se alzan junto a la reja pare-

cen esqueletos torturados. No hay nadie en la calle, está tan vacía que parece que solo ella burlara un toque de queda. Apenas está el cielo, colgando como la panza de una burra. Ha visto una en el campo

peleaba por su ubre junto a su cría. Sabe que

violencia.

hiedra. Planta trepadora, siem- pre verde, de la familia de las araliaceas, con tronco y ramos sarmentosos, de los que brotan

raíces adventicias que S€ ag2- cuando era niña y $e rran fuertemente a los cuerpos es de ese exacto color, aunque nunca antes lo habia visto impreso inmediatos. sobre el cielo de Asunción. La mujer no está preparada para el clima,

eda y pantalones de lino. Solo una melena

lleva una blusa de s s. mala hierba. apenas S ; eg corta, que no luce desde hace veinte años, la protege del viento. Se

Real Academia Española : a (RAE) 2014 apoya sobre un bastón que sostiene en Su mano derecha, a sus pies hay una maleta. Lleva varios minutos tocando el timbre junto a la

puerta. Intenta divisar alguna silueta tras las ventanas, pero salvo las cortinas nada se mueve. Mientras sigue al acecho de las sombras, una vendedora de chipas se le acerca. Algo la debe alertar —los brazos rojos, un fino hilo de sangre que baja hacia su labio, su postura En- corvada— porque le dice que suba las gradas y que toque la puerta ana de la reja esta rota. Antes de que pueda reaccio- fuera la ¡imitación de algo) la mujer aplaude. no una, sino varias veces; son golpes secos, con unas manos enormes. Aunque acusa el golpe, solo le llega la remembranza del golpe. Lo que en realidad la zarandea es el recuerdo. Nunca más ha- bia escuchado esos aplausos operando de timbre improvisado, en ninguna otra parte del mundo. Queda tan sacudida que no tiene la presencia para agradecerle antes de que la mujer se aleje. Abre la puerta, deja su maleta a un costado y sube las gradas. Ve que la hiedra aún cubre los muros, las dos enormes palmeras siguen presidiendo el jardín y una variedad de yuyos ratte ros todavia se desperdiga por el suelo de los alrededores Es un desorden que imprime su recuerdo. Nada ocurre, salvo que esta vez puede golpear la puerta. El uempe pasa, una mancha de sudor avanza por su pecho, # pierna se acalambra y se sienta en las gradas. Ni sIQquie- ra intenta ver si alguna ventana está abierta, Mientras duda si ha comunicado bien la fecha de su llegada apoya la espalda contra una columna y recuerda la puerta que da a la cocina. Se levanta aparatosamen- te —con un escalofrio—, el sudor se imprime Junto al frio sobre su pecho, arrastra su pierna mala hasta enderezarla y baja.

principal La m nar (la vendedora la mira como Sl

Fragmento

Alerán Gabe (2017

at

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