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Lengua Y Literatura · 10 EGB · 2025
Lengua Y Literatura · 10 EGB · 2025

Ministerio de Educación del Ecuador

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Los dioses de la luz (parte 2): descubrimiento del fuego (pedernal)

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El mito mapuche explica el origen del fuego: durante un terremoto caen piedras (meteoritos/pedernales) que encienden un copihue; los mapuches aprenden a producir fuego frotando piedras con ramas secas. Al compararlo con los Cuillor, ambos son etiológicos pero explican fenómenos distintos (estrellas/Luna vs. fuego).

📚 theory lengua-y-literatura ⭐⭐⭐ Dificultad 3/5 ⏱ 10 min lectura

Solución — Página 66

Lengua Y Literatura · 10 EGB · 2025

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Ejercicio 2

(Comparación completa con los Cuillor)

Criterio Mito kichwa: Cuillor Mito mapuche: Dioses de la luz
Pueblo Kichwa amazónico Mapuche andino-patagónico
Personajes Mama Tigre, hermanos Cuillor, jaguar, gavilán, boa, rayo, mujer amada Familia Caleu/Mallen/Licán, abuela Collalla, Cheruve, Sol, Luna
Espacio Selva amazónica, cerro Galeras Grutas de montaña
Causa principal Daños del jaguar y otros animales Miedo a la oscuridad y al frío
Fenómeno explicado Origen de las estrellas y la Luna manchada Origen del fuego y del pedernal
Tipo de mito Etiológico/teogónico Etiológico cultural
Final Hermanos ascienden al cielo y se vuelven astros Los mapuches dominan el fuego

Síntesis del desenlace mapuche

El temblor hace caer 'piedras de luz' que encienden un copihue seco. La abuela Collalla interpreta el suceso como mensaje de los antepasados. Al día siguiente, los hombres descubren que frotando esas piedras (pedernal) contra ramas secas se obtiene fuego.

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Preguntas que la gente también hace

¿Cómo descubren los mapuches el fuego?
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¿Qué papel cumple la abuela Collalla?
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¿Qué diferencia hay con el mito de los Cuillor?
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$ & El ral 2 3 6 2 6

No supieron cómo pasaron las horas. El Sol empezó a bajar y, cuando se dieron cuenta, estaba por ocultarse. Asustadas, las mujeres se echaron los canastos a la espalda y tomaron a sus niños de la mano.

—j(Bajemos, bajemos! —se gritaban unas a otras.

—No tendremos tiempo. Nos pillará la noche y en la oscuridad nos perderemos para siempre —advirtió Mallén.

—¿Qué haremos entonces? —dijo la abuela Collalla, que no por ser la más vieja, era la más valiente.

—Yo sé dónde hay una gruta por aquí cerca, no tenga miedo, abuela —dijo Mallén.

Guio a las mujeres con sus niños por un sendero rocoso. Sin embargo, al llegar a la gruta, ya era de noche. Vieron en el cielo del poniente la gran estrella con su cola dorada. La abuela Collalla se asustó mucho. —Esa estrella nos trae un mensaje de nuestros antepasados que viven en la bóveda del cielo —exclamó.

Licán se aferró a las faldas de su madre y lo mismo hicieron los demás niños.

—Vamos, entremos a la gruta y dormiremos bien juntas para que se nos pase el miedo —dijo Mallén.

—Eso sería lo mejor, murmuró Collalla, temblorosa. Ella conocía viejas historias, había visto reventarse volcanes, derrumbarse montañas, inundaciones, incendios de bosques enteros.

No bien entraron a la gruta, un profundo ruido subterráneo las hizo abrazarse invocando al Sol y la Luna, sus espíritus protectores. Al ruido, le siguió un espantoso temblor que hizo caer cascajos del techo de la gruta. El grupo se arrinconó, aterrorizado. Cuando pasó el terremoto, la montaña siguió estremeciéndose como el cuerpo de un animal nervioso. Las mujeres palparon a sus hijos; no, nadie estaba herido. Respiraron un poco y miraron hacia la boca blanquecina de la gruta. Por delante de ella, cayó una lluvia de piedras que, al chocar, echaban chispas.

— ¡Miren! —gritó Collalla. ¡Piedras de luz! Nuestros antepasados nos mandan este regalo.

Como luciérnagas de un instante, las piedras rodaron cerro abajo y con sus chispas encendieron un enorme copihue seco que se erguía al fondo de una quebrada.

El fuego iluminó la noche y las mujeres se tranquilizaron al ver la luz.

—La estrella, con su espíritu protector, mandó el fuego para que no tengamos miedo —dijo la abuela Collalla riendo.

Niños y mujeres también rieron, aplaudiendo el fuego.

El grupo, silencioso, contempló las llamas como si fueran el mismo Padre Sol que hubiera venido a acompañarlas. Se sentaron junto a la gruta, oyendo crepitar las llamas como música desconocida. Al rato, llegaron los hombres desafiando las tinieblas por buscar a sus niños y mujeres. Caleu se acercó al incendio y cogió una llama ardiente; los otros lo imitaron y una procesión centelleante bajó de los cerros hasta sus casas. Por el camino iban encendiendo otras ramas para guiarse. Al otro día, oyendo el relato de las piedras que lanzaban chispas, los indios subieron a recogerlas y, al frotarlas junto a ramas secas, lograron encender pequeñas fogatas. Habían descubierto el pedernal. Habían descubierto cómo hacer el fuego. Desde entonces, los mapuches tuvieron fuego para alumbrar sus noches, calentarse y cocer sus alimentos.

Adaptado de Los dioses de la luz. Leyenda mapuche. Recuperado de https://elalmanaque.com/literatura/leyendas/ ley2.htm

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