Los territorios ancestrales habitados por poblaciones afroecuatorianas, en especial en las provincias de Esmeraldas, Carchi e Imbabura, son ricos en biodiversidad y proveen recursos naturales esenciales para la supervivencia y la reproducción cultural. En Esmeraldas, conocida como la "provincia verde", la abundante vegetación, manglares y zonas húmedas, junto con áreas de mayor precipitación, contribuyen a una gran diversidad de especies que se refleja en la gastronomía local. La provincia ha establecido áreas protegidas para conservar la flora y fauna debido a esta riqueza biológica (Valdivieso y Villafuerte, 2022).
En las provincias de Carchi e Imbabura, específicamente en el Valle del Chota, donde también se encuentran comunidades afroecuatorianas, se destaca un contraste marcado entre la fertilidad de la tierra cercana a los ríos Chota y Mira y la aridez del resto del territorio. Este valle, ubicado entre las cadenas montañosas andinas, es uno de los pocos lugares en Ecuador que cuenta con un bosque seco. Este entorno diverso ha influido en la forma de vida, las prácticas agrícolas y la identidad cultural de las comunidades afroecuatorianas en estas regiones (Valdivieso y Villafuerte, 2022).
Las poblaciones afroecuatorianas han adaptado y transformado sus territorios en función de los ecosistemas que les proporcionan los alimentos y nutrientes necesarios para su supervivencia y desarrollo. La comprensión y utilización de la biodiversidad en su entorno son fundamentales para estas sociedades. El conocimiento transmitido a lo largo de generaciones sobre el territorio y su uso ha evolucionado y se ha convertido en un patrimonio gastronómico intangible. Estas áreas esenciales se encuentran tanto en el Valle del Chota como en Esmeraldas, destacando la conexión íntima entre la población afroecuatoriana y sus entornos naturales (Valdivieso, Navas y Molina, 2022).










