Los descendientes africanos y sus conflictos con la corona española
Fue en el año de 1913, cuando el político español Faustino Rodríguez San Pedro propuso e impulsó el denominado Día de la Raza o Día de la Hispanidad. Él sostenía firmemente que "era un homenaje a la intimidad espiritual existente entre la nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano", prácticamente sostenía que la invasión fue una bendición para los americanos.
Fueron prácticamente tres siglos del dominio español, en parte de las Américas, y lo que realmente se dio fue la explotación, esclavitud y una marcada división de clase denominado sistema de castas que fue aplicado en todos los territorios de la corona española.
Los colonialistas españoles se apropiaron de los bienes de los pueblos indígenas americanos y secuestraron a personas africanas para acelerar y aumentar esa apropiación. Una de las expresiones de mayor fuerza y dramatismo asociado al fenómeno de la esclavitud, es precisamente la lucha por eludirla. La lucha tenaz de los esclavizados por liberarse de la esclavitud comienza desde el momento mismo de ser cautivos en tierras africanas, en los barcos negreros, en la travesía a su destino final, y ya en el Nuevo Mundo en los campos, haciendas, minas y obrajes a donde fueron destinados, el espíritu libertario siempre estuvo presente. La lucha por la libertad no fue en una sola vertiente, precisamente por las condiciones de la esclavitud, el africano y africana se vieron obligados a asumir una serie de prácticas vitales que le redimieran de tan triste condición.
El mestizaje y el trabajo especializado fueron dos de las estrategias que las personas esclavizadas dispusieron para una situación quizás menos cruel y hasta para trascender su triste condición de esclavizado; el desempeño de labores específicas dentro del ámbito del trabajo y su cualificación. A pesar de poder conseguir mejores condiciones a su vida cotidiana, el esclavizado y la esclavizada no se conformó con esta cómoda situación, sino que se transformó en cimarrón y luchó por alcanzar su plena libertad (Reynoso Medina, 2005:125).









