Después de la guerra civil y la declaración de independencia de los Estados Unidos, el Senado y la Cámara de Representantes aprueban la Decimotercera Enmienda a la Constitución en 1865, en la cual se abolió la esclavitud y la servidumbre involuntaria, excepto como castigo por algún delito. Sin embargo, los esclavizados liberados enfrentaron una serie de desafíos y conflictos que perduraron por décadas.
Aunque se abolió la esclavitud, los afroamericanos, particularmente los que vivían en el Sur de los Estados Unidos, experimentaron cambios significativos. La Decimotercera Enmienda permitía el trabajo como castigo para los delincuentes condenados, lo que llevó a la promulgación de leyes conocidas como "Códigos Negros" en los estados sureños. Estas leyes tenían como objetivo esencial criminalizar la vida de los afroamericanos.
Los Códigos Negros establecían un conjunto de leyes "locales dirigidas a mantener el control sobre la población negra e impedir desarrollar formas de trabajo independientes obligando así a los afrodescendientes a permanecer en las plantaciones de los antiguos propietarios de esclavos" (Contarino, 2015 p. 55). Estos Códigos tenían la finalidad de mantener y perpetuar una institución de servilismo económico en una situación de inferioridad a los afroamericanos.
Específicamente, se implementaron restricciones con el propósito de limitar las oportunidades de los afroamericanos más allá de la esfera agrícola. Un ejemplo de esto ocurrió en Carolina del Sur, donde se establecieron tarifas que variaban entre 10 y 100 dólares para cualquier persona de ascendencia africana que quisiera ejercer una ocupación distinta a la agricultura. En Misisipi, se impusieron sanciones de prisión o multas de 500 dólares a aquellos que intentaran romper sus acuerdos laborales con plantadores locales. Además, se reguló la movilidad y la residencia de esta población (Contarino, 2015 p. 55).










