El pirata Drake buscó a Juana Sebastiana para despedirse; antes quería darle un regalo. La niña dijo que quería un espejo, que no importaba si era pequeño.
— ¿Por qué quieres un espejo? — Para mirarme.
El pirata le dijo que no necesita mirarse en el espejo, porque era bonita; ella le pregunta si es más bonita que la reina de Inglaterra. Claro que sí, pero la reina es poderosa; entonces la niña le dice que se acuerde quién hizo el nexo entre los piratas y los cimarrones. Drake le entregó el medallón declarándole «La reina de los Piratas y Emperatriz del Mar Océano», e inclinándose a los pies de la niña.
¿Sabías que...?
Antes de escapar, las esclavas robaban granos de arroz y de maíz, pepitas de trigo, frijoles y semillas de calabaza. Sus enormes cabelleras hacían de graneros. Cuando llegaban a los palenques en la jungla, las mujeres sacudían sus cabezas y fecundaban, así, la tierra libre.
(Tomado del texto Etnoeducación para maestros y maestras, pág. 85).










