Lectura
La atmósfera regula la temperatura planetaria
Nuestro planeta tiene la temperatura ideal para el desarrollo de formas vivientes. Si no existiera atmósfera, los días en la Tierra serían verdaderos infiernos con temperaturas que superarían los 150 °C; y las noches serían heladas, con temperaturas que llegarían a –100 °C.
En esencia, la atmósfera hace rebotar gran parte de la radiación solar. La otra parte de la radiación pasa hacia la Tierra y difícilmente sale hacia el espacio. Así, el planeta se comporta como un invernadero, que conserva la temperatura más o menos estable en los días y en las noches, evitando cambios drásticos.
La atmósfera filtra la radiación ultravioleta
A una altura de entre 15 y 50 km, existe una capa de oxígeno especial, llamada ozono. Esta capa protege de las radiaciones ultravioleta (UV) que provienen del Sol y que son peligrosas para la vida.
Si toda la radiación UV llegara a la superficie, produciría quemaduras en los organismos vivientes.
La atmósfera cambia lentamente el relieve terrestre
El aire atmosférico, por fenómenos físicos, adopta movimientos más o menos violentos, que pueden ser brisas, vientos fuertes, huracanes. Estos, al recorrer ciertas zonas van erosionando rocas, montañas y suelos, y producen nuevas formas.
La atmósfera tiene masa y peso
La atmósfera tiene masa y peso, pues está constituida por gases correspondientes a elementos y compuestos químicos, que forman moléculas.
El peso atmosférico lo soportamos bajo lo que se conoce como presión atmosférica. Esta presión es mayor en lugares de alturas menores, como en Esmeraldas y Manta; en cambio, en lugares altos, como Cuenca y Riobamba, la presión atmosférica es menor.













