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Durante la lectura: 'Pata de mono' de W.W. Jacobs — Ejercicio 6 + inicio del cuento (Parte I)

📄 otro lengua-y-literatura 🎓 secundaria · 8° EGB Ecuador 🇪🇨 EC 🗣 Español
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Página 122 de Lengua Y Literatura · 8 EGB · 2025
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lengua-y-literatura ⭐⭐⭐ Dificultad 3/5 ⏱ 2 min lectura

Solución — Página 122

Lengua Y Literatura · 8 EGB · 2025

1
Ejercicio 1

Lectura

Durante la lectura

6
Ejercicio 6

** El título del cuento de terror que vas a leer a continuación es "Pata de mono". Discute en tu clase sobre lo que tú crees que podría tratar el cuento. Observen si algunas de las predicciones se repiten.


Pata de mono

W.W. Jacobs

I

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.

—Oigan el viento —dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.

—Lo oigo —dijo este moviendo implacablemente la reina—. Jaque.

—No creo que venga esta noche —dijo el padre con la mano sobre el tablero.

—Mate —contestó el hijo.

—Esto es lo malo de vivir tan lejos —vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia—. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No sé qué piensa la gente. Como hay solo dos casas [alquiladas], no les importa.

—No te aflijas, querido —dijo suavemente su mujer—, ganarás la próxima vez.

El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.

—Ahí viene —dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.

Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.

—El sargento mayor Morris —dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.

Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.

—Hace veintiún años —dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo—. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.

—No parece haberle sentado tan mal —dijo la señora White amablemente.

—Me gustaría ir a la India —dijo el señor White—. Solo para dar un vistazo.

—Mejor quedarse aquí —replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.

—Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas —dijo el señor White—. ¿Qué...

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Ejercicio 6

Discutir en clase sobre lo que podría tratar el cuento 'Pata de mono' a partir del título; observar si algunas predicciones se repiten

Preguntas abiertas

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1
Ejercicio 1

** ¿Qué crees que podría tratar el cuento 'Pata de mono'?

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¿Qué crees que podría tratar el cuento 'Pata de mono'?
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📌 Antes de leer esto
  • Ver pág. Página 121 - Ejercicios sobre estrategias del terror y Competencia comunicacional
  • Ver pág. Página 123 - Continuación del cuento 'Pata de mono'
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Pata de mono (Parte I, continuación): presentación del talismán — poderes mágicos, tres deseos, historia de los deseos anteriores
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2650 caracteres

Durante la lectura

  1. El título del cuento de terror que vas a leer a continuación es “Pata de mono”. Discute en tu clase sobre lo

que tú crees que podría tratar el cuento. Observen si algunas de las predicciones se repiten.

Pata de mono

La noche era fría y húmeda, pero en la pe- queña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja seño- ra que tejía plácidamente junto a la chimenea.

—Oigan el viento —dijo el señor White; ha- bía cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.

—Lo oigo —dijo este moviendo implacable- mente la reina—. Jaque.

—No creo que venga esta noche —dijo el pa- dre con la mano sobre el tablero.

—Mate —contestó el hijo.

—Esto es lo malo de vivir tan lejos —vocife- ró el señor White con imprevista y repenti-

na violencia—. De todos los suburbios, este *

es el peor. 'El camino es un pantano. No sé

alquiladas, no les importa.

—No te aflijas, querido —dijo suavemente su mujer—, ganarás la próxima vez.

El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimu- ló un gesto de fastidio.

—Ahí viene —dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acer- caban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron con- dolerse con el recién venido.

Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.

I

W.W. Jacobs, autor de este relato.

—El sargento mayor Morris —dijo el señor

White, presentándolo. El sargento les dio la

mano, aceptó la silla que le ofrecieron y ob- servó con satisfacción que el dueño de casa

traía whisky y unos vasos y ponía una peque- ña pava de cobre sobre el fuego.

E : Sé Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó qué piensa la gente. Como hay solo dos casas.

a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epide- mias y de pueblos extraños.

—Hace veintiún años —dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo—. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mirenlo ahora.

—No parece haberle sentado tan mal —dijo la señora White amablemente.

—Me gustaría ir a la India —dijo el señor White—. Solo para dar un vistazo.

—Mejor quedarse aquí —replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspiran- do levemente, volvió a sacudir la cabeza.

—Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas —dijo el señor White—. ¿Qué

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