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Pata de mono (Parte I, continuación): primera petición — 200 libras; la pata se mueve 'como una víbora'; visiones en las brasas

📄 otro lengua-y-literatura 🎓 secundaria · 8° EGB Ecuador 🇪🇨 EC 🗣 Español
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Página 125 de Lengua Y Literatura · 8 EGB · 2025
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Solución — Página 125

Lengua Y Literatura · 8 EGB · 2025

—Si solo nos concede doscientas libras, podremos pagar la hipoteca —dijo Herbert—. Y entonces estará contento como una perdiz, papá.

Su padre, sonriendo avergonzado ante su propia credulidad, levantó el talismán, y Herbert, con los dedos en el teclado, tocó acordes solemnes y resonantes.

—Quiero doscientas libras —dijo el anciano con voz clara.

En ese instante un gran estrépito sacudió el piano. Herbert, entre risas, cesó de tocar. El señor White no se reía; miraba la pata con horror.

—¡Se movió! —exclamó—. ¡Se retorció en mi mano como una víbora!

—Pues yo no veo el dinero —dijo Herbert, levantando el mantel y mirando por debajo—. Creo que si hubiera aparecido en la casa, papá lo habría sentido.

—Habrá sido tu imaginación, querido —dijo su mujer, mirándole con preocupación.

Se sentaron junto al fuego. El señor White escuchaba, nervioso, el viento que afuera soplaba con más fuerza que nunca; y Herbert, al darles las buenas noches, bromeó acerca de la aparición horrible que se agazapaba, seguramente, encima del ropero.

Solo en la oscuridad, el señor White vio caras en las brasas encendidas, y el viento seguía rugiendo por la chimenea. La última cara fue tan simiesca, tan horrible, que quiso sacar agua para apagar las brasas. Al extender la mano, rozó sin querer la pata que colgaba debajo de la repisa. Se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.

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📌 Antes de leer esto
  • Ver pág. Página 124 - Morris tira la pata al fuego; instrucciones de uso; Herbert bromea sobre el deseo
  • Ver pág. Página 126 - La mañana siguiente; el cartero; el hombre misterioso rondando la casa
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Pata de mono (Parte I, fin): la mañana siguiente — debate sobre la pata; el hombre misterioso rondando la casa
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 1794 caracteres

—Si pagaras la hipoteca de la casa serías fe- liz, ¿no es cierto? —dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro—. Bastará con que pidas doscientas libras.

El padre sonrió avergonzado de su propia cre- dulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.

—Quiero doscientas libras —pronunció el señor White.

Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mu- jer y su hijo corrieron hacia él.

—Se movió —dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer—. Se retorció en mi mano como una víbora.

—Pero yo no veo el dinero —observó el hijo, recogiendo el talisman y poniéndolo sobre la mesa—. Apostaría que nunca lo veré. —Habrá sido tu imaginación, querido —dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.

Sacudió la cabeza.

—No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto,

Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se so- bresaltó cuando golpeó una puerta en los pi- sos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.

—Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama —dijo Herbert al darles las buenas noches—. Una aparición horrible, agazapada encima del ro- pero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.

Ya solo, el señor White se sentó en la oscu- ridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rio, molesto, y bus- có en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.

Darío Guerrero Díaz, (2020).

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