Pata de mono (Parte I, continuación): presentación del talismán — poderes mágicos, tres deseos, historia de los deseos anteriores
Solución — Página 123
Lengua Y Literatura · 8 EGB · 2025
—¿Qué es eso? —preguntó el señor White, cuando el visitante sacó algo del bolsillo y se lo ofreció.
—Pata de mono —dijo el sargento mayor Morris.
El señor White la examinó con curiosidad.
—¿Y qué tiene de particular? —preguntó.
—Un viejo faquir le dio esos poderes —dijo el sargento mayor—. Era un hombre muy santo que quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que quienes intentan contrariar el destino se arrepienten. Le dio poderes para que tres hombres distintos pudieran pedir tres deseos.
En ese momento sus interlocutores sonrieron con cierta incredulidad, pero la expresión del narrador los hizo callarse.
—He tenido mis tres deseos —dijo, con voz apagada, y su curtido rostro palideció.
—¿Y se cumplieron? —preguntó la señora White.
—Sí —dijo el sargento mayor, y su vaso tintineó contra sus dientes apretados.
—¿Y la persona que le precedió a usted? —preguntó la anciana.
—También tuvo sus tres deseos, sí —replicó el sargento mayor—. No sé qué pidió primero y segundo, pero la tercera cosa fue... fue la muerte. Por eso yo la tengo.
Los tres escuchaban en silencio.
—Si tiene la intención de venderla, Morris...
—No quiero venderla —dijo el otro bruscamente—. Ya he pensado en tirarla al fuego. Ya ha causado bastantes desgracias.
- • Ver pág. Página 122 - Inicio del cuento 'Pata de mono': familia White, llegada de Morris
- • Ver pág. Página 124 - Continuación: Morris tira la pata al fuego; White la recoge; instrucciones de uso
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2056 caracteres
fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?
—Nada —contestó el soldado apresurada- mente—. Nada que valga la pena oír.
—¿Una pata de mono? —preguntó la señora White.
—Bueno, es lo que se llama magia, tal vez —dijo con desgana el militar.
Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero llevó la copa va- cía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.
—A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular —dijo el sar- gento mostrando algo que sacó del bolsillo.
La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atenta- mente.
—Y qué tiene de extraordinario? —pregun- tó el señor White quitándosela a su hijo para mirarla.
—Un viejo faquir le dio poderes mágicos —dijo el sargento mayor—. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que na- die puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: tres hombres pueden pedirle tres deseos.
Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.
—Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? —preguntó Herbert White.
El sargento lo miró con tolerancia.
—Las he pedido —dijo, y su rostro curtido palideció.
—jRealmente se cumplieron los tres deseos? —preguntó la señora White.
—Se cumplieron —dijo el sargento.
—;Y nadie más pidió? —insistió la señora. —Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la
muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.
Habló con tanta gravedad que produjo silencio.
—Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán —dijo, finalmente, el señor White—. ¿Para qué lo guarda?
El sargento sacudió la cabeza:
—Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo, pero creo que no lo haré, Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospe- chan que es un cuento de hadas; otros quie- ren probarlo primero y pagarme después.
Darío Guerrero Díaz, (2020).








