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Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025
Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025

Ministerio de Educación del Ecuador

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Lectura: 'El armario' (desenlace) - la liberación del duelo

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Respuesta rápida

El tío perdona a la niña, revisa con emoción los cuadernos de su hijo Pablo y decide reordenar el armario. A partir de entonces, la familia sale del duelo estancado: la abuela se alegra, la María deja de llorar, el tío inicia un coqueteo, y todos comparten los objetos. Firma: Lucrecia Maldonado.

📚 theory lengua-y-literatura ⭐⭐⭐⭐ Dificultad 4/5 ⏱ 5 min lectura

Solución — Página 128

Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025

Desenlace y sentido del cuento

Momento de intimidad emocional: el tío hojea el cuaderno 'Matemáticas 5to A' y luego 'Primer grado', reconociendo la escritura infantil de su hijo muerto. La narradora dice: 'tan alegres como ese lejano escolar que los había escrito pocos días antes de morir'.

Perdón: en vez de castigar a la niña, el tío le dice: 'Anda nomás a acompañarle a tu abuelita. Yo arreglo esto.'

Cambio final: después del episodio, la familia se transforma:

  • La abuela se vuelve súbitamente alegre.
  • La María deja de lloriquear al nombrar a Pablo o a Margarita.
  • El tío inicia un coqueteo exitoso con una compañera de trabajo.
  • Todos se reparten como un mazo de cartas los objetos del armario.

Interpretación: El armario simbolizaba el duelo estancado. La curiosidad involuntaria de la niña sirvió como catalizador para que el tío pudiera reconocer su pena y liberarla. El desenlace ratifica el poder terapéutico de sacar a la luz lo escondido.

Tema del cuento: el duelo, la memoria, la superación y el poder de la mirada infantil para movilizar cambios en los adultos.

Título simbólico: 'El armario' representa la caja de los recuerdos guardados, el ámbito íntimo del duelo que necesitaba ser abierto.

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Figuras de la página (1)

Figura 2 de Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025
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Preguntas que la gente también hace

¿Cómo termina el cuento El armario?
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¿Qué simboliza el armario?
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¿Cómo cambia la familia al final?
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📌 Antes de leer esto
  • Páginas 125-127 del cuento
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Actividades después de la lectura
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2109 caracteres

Creí que el mundo se terminaría antes de que él dejara de pasar lenta-

ome mente las hojas llenas de letras y números gordos, tan alegres como ese

ds ere Maldonado en: lejano escolar que los había escrito pocos días antes de morir. Después, lynk.ec/9y09 en silencio, el tío avanzó hasta el armario y, procurando que yo no

  • ome 5 le viera la cara, dijo con la voz sacudida por un temblor cascado

y amarillento: —Anda nomás a acompañarle a tu abuelita. Yo arreglo esto.

Malditas las ganas que tenía de sentarme a aguantar las preguntas de la abuela. Por eso anduve por toda la casa, escondiéndome, sin- tiendo todo el tiempo los ojos claros y muertos del Pablo como un par de alfileres en la nuca. Pensé que esa noche él iba a aparecer en la ventana, a pedirme cuentas. Entré al cuarto de los cachivaches, me hundí en esa oscuridad llena de cosas viejas e inútiles, recorrí el patio, la cocina, los dormitorios vacíos y silenciosos, los baños, con su tierno ruido de agua paseándose por las tuberías. Al fin, en una de mis desesperadas idas y vueltas, caí en la sala y me topé de manos a boca con mi tío, que, a juzgar por el color rojo encendido de su nariz, había llorado sin parar desde que yo lo dejara solo en el dormitorio. No sé lo que sentí entonces: una angustia sorda subiendo desde el estómago, una tremenda estaca atravesándome de la coronilla a los zapatos. No sé. El arrepentimiento más atroz de mi vida, tal vez.

nero Díaz, (20;

Me lancé a su cuello y le pedí perdón unas cien veces, desconsolada, sin saber cómo arreglar el asunto. El solo me besaba la frente y las mejillas y repetía una y otra vez:

io Guer

Da

—No importa. No importa. Solo fue una travesura. A cual- quiera le puede pasar. No importa. Ya no importa. Ya no.

A poco de eso, la abuela se volvió súbitamente alegre, la María dejó de lloriquear cada vez que nombrábamos al Pablo o a la Margarita, mi tío inició un exitoso coqueteo con una compañera de trabajo, y todos nos repartimos, como un mazo de cartas, las cosas que dormían, hasta entonces inútiles y viejas, arrumadas en el fondo del armario.

Lucrecia Maldonado

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