(Continuación del relato — testimonio de la abuela Olguita)
«Mi abuelita Olguita me contó que cuando ella era niña y vivía en la Concepción, por el río Santiago, en la comunidad se iban a echar la catanga al río y la colocaban en unos lugares estratégicos que los pescadores ya conocían y se podía recoger varios peces o camarones. Me contó que la catanga la colocaban en el río en horas de la tarde, no debía estar ni muy honda, ni muy alta, sino a término medio. Al día siguiente se levantaban temprano y a las 5:30 de la mañana iban a retirarla.»
Los pescadores y pescadoras sacaban lo que habían recogido y lo agrupaban en un solo lugar. Luego repartían la pesca por igual, nadie cogía más o menos; y así regresaban contentas a la casa y todos tenían que comer. Mi abuelita me contó que en la comunidad cuando una familia tenía un problema y no podía ir a echar la catanga, las familias que iban al momento de repartir los pescaditos o los camarones, también sacaban una parte para darle a la familia que no pudo ir. Así todas las personas se cuidaban en la comunidad y compartían la pesca.











