5 Tejiendo con las palabras
Cuento: Niña bonita
Por Ana María Machado y Rosana Faría Ediciones Ekaré
Había una vez una niña bonita, bien bonita. Tenía los ojos como dos aceitunas negras, lisas y muy brillantes. Su cabello era rizado y negro, como hecho de finas hebras de la noche. Su piel era oscura y lustrosa, más suave que la piel de la pantera cuando juega en la lluvia.
A su mamá le gustaba peinarla y a veces le hacía unas trencitas, todas adornadas con cintas de colores. Y la niña bonita terminaba pareciendo una princesa de las Tierras de África o un hada del Reino de la Luna.
A un lado de la casa de la niña bonita vivía un conejo blanco, de orejas color de rosa, ojos muy rojos y hocico tembloroso. El conejo pensaba que la niña bonita era la persona más linda que había visto en toda su vida y decía:
— Cuando yo me case, quiero tener una hija negrita y bonita, tan linda como ella...
Por eso un día fue a donde la niña y le preguntó:
— Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es su secreto para ser tan negrita?
La niña no sabía, pero inventó:
— Ah, debe ser que de chiquita me cayó encima un frasco de tinta negra.
El conejo fue a buscar un frasco de tinta negra. Se echó encima y se puso negro y muy contento. Pero cayó un aguacero que le lavó toda la negrura y el conejo quedó blanco otra vez.










