La voz insistió:
— Bolambaaaa... estoy aquí. Junto a ti, pero del otro lado del barco, en el mar. No tienes que hablar conmigo con tu voz humana, te entiendo si hablas con tu pensamiento.
Bolamba se cubrió el rostro con sus manos, cerró los ojos para concentrarse.
— Abuela... ¿eres tú? —preguntó, sin mover los labios.
— Sííí —respondió la voz, dejando un pequeño eco dentro de su cabeza.
— ¿Estás en Mputu, la Tierra de los Muertos? —preguntó con miedo Bolamba.
— Sí, Bolamba. Estoy en Mputu. No quise quedarme sola en la aldea.
— ¿Eso quiere decir que yo también estoy camino de Mputu? —se asustó Bolamba.
— No, tú estás camino a tierras lejanas.
— Abuela, tengo miedo a la muerte...
— Bolamba, tú eres africano, recuerda que para nosotros la vida y la muerte son círculos que se encuentran, que empiezan y terminan para empezar otra vez... y es así como vamos del mundo de los vivos, al mundo de nuestros antepasados, al mundo de los que no han nacido aún, y regresamos al mundo de los vivos otra vez.
— Abuela... ¿qué será de mí?
— Vas a aprender a sobrevivir, ¡y lo harás como un héroe!
— Tú y todos tus compañeros de esta Diáspora, en la cual nuestro pueblo ha sido arrancado de nuestra tierra y dispersado por el mundo. Todos serán héroes y heroínas, porque sabrán sobrevivir a este Viaje Amargo del Dolor.
— Pero... ¿tú crees que yo podré hacerlo, abuela?
— Sí, Bolamba, sí, pero ¡escúchame! ¡Escucha la voz de África! ¡Los espíritus hablan a través de mí! Escucha este mensaje y guarda la sabiduría de tu pueblo en lo más profundo de tu corazón...









