El relato de Litulone
Bolamba sintió que el movimiento cadencioso del barco lo mecía y una enorme tranquilidad lo invadió.
—Cuentan los valientes basuto que hace mucho tiempo en la tierra habitaba un monstruo llamado Kamapa.
Este monstruo, que había sido creado por la intolerancia y el egoísmo, se alimentaba de gente y, poco a poco, se comió casi a todos los seres humanos. A todos, menos a una mujer que se quedó sola sobre la Tierra. Un día se dio cuenta de que estaba esperando un bebé y poco después le nació un niño, con la piel tan negra y hermosa, que brillaba con los reflejos del sol. La mujer le puso de nombre Litulone, en honor a uno de sus dioses. Litulone creció en horas y ya para el día siguiente de nacido, tenía la estatura y la fuerza de un adolescente.
«Madre, ¿dónde está la otra gente?», preguntó el chico a su madre. Y cuando ella le contestó que todos habían sido devorados por el monstruo Kamapa, Litulone tuvo tanta indignación que en ese mismo momento decidió ir a matar al monstruo. La madre, asustada, trató de disuadirlo, pero Litulone insistió. Armado de una lanza y un cuchillo se dirigió hacia el lugar donde tenía Kamapa su guarida. El monstruo dormía panza arriba. Litulone se acercó, pero al ver que nunca iba a poder vencerlo en una lucha cuerpo a cuerpo por la desigualdad de fuerzas, se dejó tragar por él. Una vez dentro de las entrañas de Kamapa, Litulone sacó su lanza y su cuchillo y mató al monstruo rajándolo en dos partes, liberando así a toda la humanidad que se encontraba dentro.
A partir de ese momento, Litulone fue honrado por todos como un héroe, lo que causó envidia entre algunos hombres, quienes planearon matarlo. Una noche estaban sentados alrededor de una hoguera tramando la muerte de Litulone, cuando se dieron cuenta de que el mismo Litulone estaba sentado entre ellos escuchando tranquilamente.
«Ahora que sabes que te vamos a matar, toma tu lanza y defiéndete», le dijeron, pero Litulone mantuvo su lanza en el suelo y les respondió: «Ustedes son mis hermanos y no quiero hacerles daño».
Al escuchar esto, uno de los hombres tomó una lanza y la clavó en el pecho de Litulone. Litulone cerró los ojos en agonía, pero su pecho se abrió... y su corazón escapó para convertirse en pájaro, en pájaro, en pájaro...
La voz de la abuela aleteó en el espacio.











