Cuento de la tradición oral afrochoteña
La buena mujer y el chivo
Había una mujer mayor que tenía un chivo; siempre le tenía encerrado en el corral que tenía frente a su casa. Un día se fue a buscar leña para cocinar unos plátanos y comer con pescado.
Cuando regresó con el guango de leña, abrió la puerta del corral donde tenía al chivo y, al dejar la puerta abierta, el chivo se sale y se come la única mata de tuno que ella tenía sembrada en la huerta de la casa.
De pronto, la buena mujer se acuerda haber dejado abierta la puerta; se levanta y encuentra al chivo comiéndose la mata de tuno. Coge al chivo de los cachos y con un acial le pone cuero, y le pone cuero, hasta que el chivo da un salto, sale corriendo y le va dejando los cachos en la mano.
La buena mujer, al ver que el chivo deja la mata de tuno dañada, coge los cachos y se va al río para traer agua y ponerle al tuno; cuando está en el río poniéndole el agua en los cachos, se viene un oleaje (chiflón) y le quita los cachos de la mano y se van en el río.
Entonces, la buena mujer, triste al ver que no tenía cómo llevar el agua para ponerle al pobre tuno, le dice al río:
— Río, devuélveme los cachos, cachos no eran míos, cachos eran de chivo, chivo comió tuno, tuno no era mío... No, tuno, sí era mío.










