Lectura
—Nada más, tío lobo. Métase breve porque ya no más han de venir.
El lobo estaba pensando en cuánto iba a comer.
—Sobrino conejo, pero me amarra bien, cosa de no poder salir hasta no llegar allá.
—Bueno tío lobo, métase ahí.
El lobo, rápido como un rayo, se metió en el saco.
—¡Lleno el saco, lleno de espinas de tuno! —gritaba el lobo.
El sobrino conejo, rápido, sigue amarrando el saco.
El tío lobo estaba que daba botes, ahí metido y amarrado en el saco.
El conejo, rápido, le sigue empujando a una ladera y le manda zumbando abajo, cosa de dejarle hecho leña al pobre lobo.










